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2012, un año de preocupantes récords climáticos

Groenlandia. (NASA)
El 2012 batió récords en cuanto a la pérdida de hielo en el Ártico, el aumento de los niveles del mar y la emisión de gases de efecto invernadero, según un informe divulgado por la Administración de Océanos y Atmósfera de Estados Unidos (NOAA).

Según un estudio sobre el estado del clima elaborado por científicos de 52 países, el año 2012 estuvo entre los 10 años más cálidos desde que hay registros y países como EEUU y Argentina tuvieron el año más caluroso de su historia.

"Los niveles de carbono están subiendo, los niveles del mar están subiendo, el hielo del Ártico se está derritiendo y nuestro planeta en su conjunto se está convirtiendo en un lugar más cálido", resumió la directora interina de la NOAA, Kathryn Sullivan.

El hielo marino del Ártico alcanzó su nivel mínimo en septiembre y en junio la capa de nieve en el hemisferio norte también bajó a mínimos históricos. Además, durante un periodo de dos días en julio, el 97% de la capa de hielo de Groenlandia mostró algún tipo de deshielo, cuatro veces más que el promedio en esa época del año.

Aumento de la temperatura del océano

Las temperaturas de la superficie de los océanos también aumentaron, según la NOAA, y en este aspecto el 2012 fue uno de los 11 años más cálidos registrados.

Asimismo, tras los descensos experimentados en el primer semestre de 2011 por efecto del fenómeno de 'La Niña', en 2012 los niveles del mar se recuperaron y superaron su anterior récord.

Después de un ligero descenso asociado a la recesión económica mundial, las emisiones globales de gases de efecto invernadero procedentes de la quema de combustibles fósiles también alcanzaron su récord y las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono (CO2) llegaron a un promedio de casi 400 partes por millón (ppm).

Fuente: El Mundo

Retratos de glaciares que se desvanecen

Durante los últimos siete años, el fotógrafo del medio ambiente James Balog y su equipo de Seguimiento de Hielo Extremo (EIS, por sus siglas en inglés), exploradores, artistas y científicos de la Tierra, han estado documentando los signos visibles del derretimiento de los glaciares.

En viajes a sitios remotos del planeta, el equipo ha registrado cómo el hielo ha sido transformado por el sol, el agua del mar y el tiempo. En una de las ubicaciones estudiadas por el equipo, Disko Bay, el hielo se ha desprendido de la masa helada de Groenlandia y flota en el norte del Océano Atlántico, lo que ha aumentado el nivel del mar.

Este lago de agua derretido fue generado por las cálidas temperaturas del verano en la superficie de la capa de hielo de Groenlandia, 30 millas al sur de Llulissat Isfjord. El agua finalmente fluye en remolinos o arroyos que se abren paso por el hielo y se alejan de la base del glaciar hacia el océano.

Agua derretida lubrica la base del glaciar y hace que el hielo fluya más rápido hacia el mar.

A mediados de los años 80, el glaciar Columbia se cubrió de arriba a abajo de una franja oscura de vegetación. La demarcación entre la vegetación verde arriba y la roca desnuda abajo marca la "línea de corte", que es el punto más alto alcanzado. Desde entonces su grosor ha disminuido un total de 400 metros.

Las fotografías de James Balog, seleccionadas del archivo fotográfico del EIS, han sido publicadas en la obra "Ice: Portraits of Vanishing Glaciers" (Hielo: retrato de glaciares en extinción", de la casa editorial Rizzoli, en New York).
Fuente: BBC 

Los glaciares protegen a las montañas

Nueva evidencia demuestra que los glaciares protegen las cumbres de los Alpes de Europa de la erosión y no son su causa.

Los glaciares protegen las cumbres de la erosión causada por factores climáticos como la lluvia.

Un grupo de científicos franceses estudiaron la desgaste sufrido por el Mont Blanc, pico más alto de Europa occidental, en torno y debajo de sus glaciares.

El hielo congelado en las zonas más altas apenas tuvo un rol en la erosión de la roca, dijo el equipo.

Las zonas que no estaban cubiertas por glaciares fueron erosionadas diez veces más rápido que las que sí, por efecto de las vertientes de agua y la lluvia.

La investigación, parte del trabajo doctoral de Cécile Godon, de la Universidad deSaboya (emplazada cerca de los Alpes franceses), fue publicada en Earth and Planetary Sciences Letters.

El estudio se concentró en el glaciar Bossons, que cubre parte de la cara norte del Mont Blanc y se expande hacia el valle de Chamonix.

El equipo comparó restos de roca desprendidos de la montaña, que se encontraban en la base del glaciar Bossons, y sedimentos arrastrados por arroyos de alta montaña, con la erosión de las zonas cercanas que no estaban cubiertas por el glaciar.

Los investigadores hallaron que el frío hielo glaciar protege a la montaña de la erosión, en vez de ser un factor que la promueve.

Primera vez

Fritz Schlunegger, de la Universidad de Berna, Suiza, dijo: "Este equipo utilizó sedimentos en la base del glaciar Bossons para determinar dónde tiene lugar la erosión bajo el hielo".

Los glaciares que rodean al Monte Everest habían perdido más de un octavo de su superficie en los últimos 50 años.
"La mayor parte del material provino de zonas no congeladas en torno al glaciar, mientras en la parte más alta del Mont Blanc, donde el (hielo del) glaciar toca la roca, la erosión es mucho menor", explicó el académico, quien no formó parte de la investigación de Gordon.

"Esta es realmente la primera vez, según mi conocimiento, en que esto se ha demostrado de forma convincente."

"Sin embargo, las montañas no crecen en forma indefinida, así que tiene que existir otro mecanismo que haya contenido la altura de la cumbre de Europa. De acuerdo con los hallazgos de Gordon, la erosión no tiene que ver con los glaciares, así que tenemos que pensar en otras posibilidades", agregó Schlunegger.

Según el consenso científico, en todo el mundo los glaciares de montaña están reduciendo su tamaño debido al cambio climático.

Este año se informó que los glaciares que rodean al Monte Everest habían perdido más de un octavo de su superficie en los últimos 50 años, y la línea de nieve se había retraído 180 metros.

Los resultados de la investigación de Gordon sugieren que esto podría llevar a que cambien las formas de las montañas más altas del mundo.

Fuente: BBC

El cambio climático es el más rápido desde el tiempo de los dinosaurios

Es el proceso más acelerado que ha registrado el planeta desde la extinción de los dinosaurios, hace 65 millones de años.

Una familia de osos polares atrapada en un iceberg por el deshielo. (DENNIS BROMAGE/BARCROFT MEDIA/CORDON PRESS)
El cambio climático no es una novedad en la historia del planeta, pero el calentamiento actual, provocado por la actividad de la especie humana —y esto sí que es insólito—, es al menos diez veces más rápido que los producidos, por causas naturales, en los últimos 65 millones de años, es decir, desde la extinción de los dinosaurios.

Alertan al respecto los científicos que han aunado el conocimiento actual sobre el cambio climático en un informe especial de la revista Science. Y puntualizan que el aumento de las temperaturas de unos cinco grados centígrados que se registró al finalizar la última Edad de Hielo en la Tierra es aproximadamente el mismo que puede producirse a finales de este siglo, respecto a la media de 1986-2005. En ese momento, las olas de calor extremo en verano o las lluvias torrenciales serán la norma cada año y no la excepción.

“Sabemos que en los cambios del pasado los ecosistemas respondieron a cambios de temperatura de unos pocos grados a lo largo de miles de años, pero la trayectoria climática sin precedentes en la que estamos ahora conlleva un cambio en décadas, lo que significa órdenes de magnitud más rápidas”, ha explicado Noah Suresh Diffenbaugh, uno de los autores de la investigación. “Estamos ya viendo que algunas especies afrontan el reto del ritmo acelerado de cambio”, añade.

Hace 20.000 años, al final de la Edad de Hielo, la Tierra experimentó un aumento de temperatura de unos cinco grados centígrados. A medida que se retiraba hacia latitudes más altas la capa helada que cubría gran parte de Norteamérica, las plantas y los animales recolonizaron las tierras que iban liberándose, explican los científicos de la Institución Carnegie y de la Universidad de Stanfordautores del nuevo informe.

Hace 55 millones de años, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era comparable a la actual, según muestran los estudios de paleoclima. En aquel tiempo, el Ártico no tenía hielo en verano (fenómeno que, según los climatólogos, se dará de nuevo dentro de unos años) y en las tierras cercanas hacía suficiente calor como para que vivieran allí palmeras y caimanes.

Los modelos que elaboran los científicos para describir la evolución del clima futuro indican que, si las emisiones de CO2 no se controlan, las temperaturas en Norteamérica, Europa y Asia Oriental habrán subido de dos a cuatro grados entre 2046 y 2065, y cinco o seis grados por encima de la media actual a finales de siglo. Esos modelos climáticos permiten analizar la respuesta física de la atmósfera y de los océanos a los cambios en las concentraciones de gases de efecto invernadero. “Con un escenario de futuro de altas emisiones, el mayor cambio climático se registra en las latitudes altas del hemisferio norte, pero todos los territorios del planeta se calientan dramáticamente”, señala Chris Field, director del Departamento de Ecología Global de la Institución Carnegie.

Los científicos analizan en su informe los efectos de estas alteraciones sobre los ecosistemas y advierten que muchas especies tuvieron en el pasado que adaptarse o migrar, ante la presión del calentamiento, para evitar la extinción. Pero la situación puede no ser ahora la misma: “Hay dos diferencias clave para los ecosistemas, en las próximas décadas, en comparación con el pasado geológico”, cuenta Diffenbaugh en un comunicado de Stanford. “Una es la rapidez del moderno cambio climático y la otra es que actualmente hay múltiples presiones humanas que no están presentes hace 55 millones de años, como la urbanización y la contaminación de las aguas”. Los científicos han calculado la velocidad de desplazamiento que necesitarían las especies para alcanzar zonas con temperatura adecuada: en gran parte del planeta tendrían que migrar al menos un kilómetro al año hacia los polos o hacia las zonas altas de las montañas.

El informe de Science señala que es posible atenuar los efectos del cambio climático si se ralentiza y se reduce su magnitud controlando las emisiones de gases de efecto invernadero que lo provocan. “Pero hay una inercia”, recuerda Diffenbaugh. “Si cada nueva planta de energía o fábrica en el mundo produjera cero emisiones, todavía presenciaríamos el impacto [del calentamiento global] debido a las infraestructuras existentes y a los gases ya emitidos”.

Los científicos recuerdan que hay incertidumbres en las proyecciones climáticas ante el futuro, como el efecto de las nubes o el ciclo del carbono, pero afirman que la mayor incertidumbre reside en el nivel que alcanzarán de las emisiones de la actividad humana.

Fuente: El País

El efecto dominó del rápido deshielo en el Ártico

Alterará la dieta y reproducción tanto de especies terrestres como marinas y favorecerá la transmisión de enfermedades ahora aisladas.

Un zorro ártico en la tundra de Groenlandia. (Jeff Kerby, Eric Post lab, Penn State University)
Durante las dos últimas décadas, el Ártico se ha calentado el doble de rápido que el resto del planeta, hasta el punto de que el año pasado la extensión de hielo marcó su mínimo histórico desde que se toman registros. El calentamiento del Ártico influye en la flora y la fauna. Y si continúa derritiéndose al rápido ritmo actual no sólo los animales marinos resultarán seriamente afectados. Especies terrestres, como el caribú, el zorro ártico o la morsa (semiacuática) tendrán que hacer frente a un ecosistema hostil en los próximos años al que tendrán que adaptarse para seguir obteniendo alimento y reproduciéndose.

Así lo advierte un estudio publicado esta semana en la revista 'Science', que alerta también de que patógenos que han permanecido aislados podrían extenderse a otras comunidades a medida que aumente la movilidad de las especies por el deshielo.

El objetivo de esta investigación, liderada por Eric Post, profesor de la Penn State University, es estudiar el efecto dominó que la pérdida de hielo ocasionará tanto en los animales marinos como en aquellas especies terrestres que viven junto al hielo y que forman parte de este rico ecosistema. Y para ello, han examinado las relaciones entre algas, plancton, ballenas o animales terrestres como el caribú o el zorro ártico o polar ('Vulpes lagopus').

Un caribú en Groenlandia. (Jeff Kerby)
Y es que, según señala Post, que en la actualidad se encuentra en Groenlandia, hasta ahora los efectos del deshielo y del calentamiento en los microorganismos que viven bajo el hielo han recibido mucha atención por parte de los científicos, pero los animales que viven cerca del hielo probablemente también están sintiendo los efectos.

Alteración de la dieta

El profesor afirma que tras el récord de deshielo alcanzado en agosto de 2012, se espera que la capa de hielo siga derritiéndose a un ritmo acelerado. Según explica, esta previsible aceleración en el deshielo se deberá en parte, a la pérdida de albedo, es decir, el porcentaje de radiación que la superficie blanca (cubierta de hielo) refleja respecto a la luz solar que le llega. Cuando el albedo disminuye porque la superficie helada es más pequeña, aumenta el calentamiento.

Hay numerosos ejemplos de cómo el deshielo puede causar estragos en los ecosistemas. Así, afecta al contenido de las algas que crecen en las capas heladas, haciéndolas menos nutritivas para los depredadores marinos. Menos hielo significará también que algunos vertebrados dispondrán de menos superficie para cazar, reproducirse y descansar.

Además de afectar, como ya se está detectando, a las algas y el fitoplancton del que se nutren animales marinos, los terrestres también podrían ver reducidas las plantas de las que se alimentan en tierra.

Especies híbridas

Asimismo, los investigadores temen que otro efecto indirecto sea un cambio en la forma en la que se mezclan las poblaciones. Las poblaciones de lobos o zorros árticosque actualmente están aisladas sólo durante el verano podrían estarlo durante temporadas más largas. Y es que un periodo más largo sin hielo, que promueve los intercambios entre poblaciones, podría suponer un declive en los cruces.

No obstante, en otras especies el efecto podría ser justo el contrario: "Sabemos que para algunas especies el hielo es una barrera. Así que una estación sin hielo más larga probablemente fomentará que la población se mezcle, reduciendo la diferenciación genética", señala Post.

Por ejemplo, los osos polares ('Ursus maritimus') cada vez pasan más tiempo en compañía de los osos grizzly ('Ursus arctos horribilis'), con los que antes tenían menos contacto, lo que ha ocasionado que se apareen, dando lugar a una especie híbrida.

Transmisión de enfermedades

Por otro lado, el contagio de patógenos que hasta ahora estaban aislados es otro de los riesgos si aumenta el contacto entre las especies del Ártico oriental y occidental. Por ejemplo, una población que actualmente tenga un cierto patógeno podría contagiárselo a otro que anteriormente no habría podido estar expuesta.

Podría ser el caso del virus del moquillo de los fócidos (PDV por sus siglas en inglés), que afecta sólo a las focas del Ártico oriental. Si estas focas comienzan a mezclarse con las del Ártico occidental el virus probablemente se extenderá a otras poblaciones.

Aumento del tráfico marítimo

La acción del hombre, hasta ahora bastante discreta debido a que se trata de zonas hostiles y de difícil acceso gracias al hielo, podría alterar aún más la vida de las especies árticas. Y es que a medida que el hielo se derrite, vías que solían permanecer heladas durante la mayor parte del año y por tanto eran inaccesibles, son navegables.

El incremento del tráfico marítimo, advierten, es una amenaza para estos ecosistemas a la que se sumaría los planes para realizar prospecciones en busca de gas, petróleo y minerales. Entre las especies más vulnerables a la explotación de estas zonas estarían la ballena boreal ('Balaena mysticetus') y la morsa del Pacífico ('Odobenus rosmarus divergens').

El el ártico canadiense, el aumento del tráfico de barcos y el comienzo tardío de la temporada helada podría alterar la migración anual de los caribúes. No obstante, los científicos recuerdan que la pérdida de hielo también podría evitar los brotes esporádicos de rabia en Svalbard que son atribuidos a la llegada de los zorros polares desde la Rusia continental. La reducción de la capa de hielo minimizaría o eliminaría estos movimientos.

Fuente: El Mundo

El pueblo de Alaska que desaparecerá bajo el agua

El veloz calentamiento del clima en el Ártico amenaza con sumergir en menos de una década el pequeño pueblo de Kivalina, habitado por inuits y ubicado en una delgada franja de arena en la costa de Alaska.


Casi nadie en Estados Unidos ha oído hablar del pueblo alaskeño de Kivalina. Está aferrado a una estrecha franja de arena al borde del Mar de Bering, y es tan pequeño que no figura en los mapas de Alaska, y menos en los de Estados Unidos.

Algo que quizás no esté tan mal, porque dentro de una década Kivalina estará probablemente bajo el agua. Desaparecido para siempre. Recordado, si acaso, como el lugar de nacimiento de los primeros refugiados estadounidenses del cambio climático.

400 inuits pueblan las cabañas de una sola planta de Kivalina.

El mar ha sido su sustento por incontables generaciones pero en las dos últimas décadas el drástico retraimiento del hielo ártico los ha dejado muy vulnerables a la erosión costera.

La gruesa capa de hielo que protegía su costa del poder destructivo de las tormentas de otoño e invierno. Y la línea de arena de Kivalina se ha estrechado notablemente.

El cuerpo de ingenieros del Ejército de Estados Unidos construyó un muro defensivo a lo largo de la playa en 2008, pero no es más que una solución temporal.

Una feroz tormenta forzó la evacuación de emergencia de los residentes hace dos años. Ahora los ingenieros predicen que Kivalina será inhabitable en 2025.


La historia de este pueblo no es única. Los registros de temperaturas muestran que la región ártica de Alaska se está calentando dos veces más rápido que el resto de los Estados Unidos.

La retirada del hielo, el lento aumento del nivel del mar y cada vez más erosión de la costa ha dejado tres asentamientos inuital borde de la destrucción inminente, y al menos ocho más en peligro.

Carretera, casas, escuela

El problema tiene un precio: el gobierno estadounidense cree que reubicar a los habitantes de Kivalina en tierras de mayor altitud puede costar unos U$400 millones.

Construir una carretera, casas y una escuela no es fácil en lugar tan inaccesible y no hay señales de que el dinero vaya a salir de los fondos públicos.

Los habitantes de Kivalina esperan que el gobierno estadounidense los ayude a encontrar otro lugar donde vivir.
Collen Swan, líder del consejo de Kivalina, dice que las tribus indígenas de Alaska están pagando el precio por un problema que ellos no crearon.

"Si estamos aquí en diez años, o esperamos la inundación y morimos, o simplemente nos vamos a otro lado", dice Swan.

"El gobierno de Estados Unidos nos ha impuesto este estilo de vida occidental, nos ha dado sus cargas y ahora espera que recojamos nuestras cosas y nos mudemos."

"¿Qué clase de gobierno hace eso?"

En el frente de batalla

Al norte de Kivalina no hay carreteras, sólo la vasta extensión de la tundra ártica de Alaska. Y en la punta del territorio estadounidense más al norte está la localidad de Barrow, mucho más cerca del Polo Norte que de Washington D.C. El verdadero frente de batalla estadounidense ante el cambio climático.

Los residentes de Barrow pertenecen en su mayoría a la tribu Inupiat y cazan ballenas y focas. Pero este año ha estado cargado de problemas.

El hielo marino comenzó a derretirse y a romperse en marzo, muy temprano. Después volvió a congelarse, pero era tan delgado e inestable que los cazadores no podían arrastrar sus botes. La temporada de caza se vio arruinada.

Kivalina y Borrow enfrentan en primera línea los efectos del cambio climático.
Por primera vez en décadas, en Barrow no se cazó ni una sola ballena. Uno de los más experimentados capitanes de la caza de ballenas, Herman Ahsoak, dice que el hielo solía tener un grosor de 3 metros en invierno, y ahora es de poco más de un metro.

"Tenemos que adaptarnos a lo que viene si queremos seguir alimentándonos y viviendo del mar, pero la falta de ballenas este año significa que será un invierno largo y frío."

Barrow es conocida como la "ciudad de la ciencia" del Ártico. En verano recibe decenas de investigadores que observan el retraimiento del hielo ártico y el rápido deshielo del permafrostde la tundra.

Recursos naturales

El rol de Alaska en el tema climático incluye las causas y los efectos. Al mismo tiempo que el territorio ártico estadounidense se calienta, sigue siendo una fuente vital de combustibles fósiles, considerados por muchos científicos como una de las causas del cambio climático.

La región de North Slope es el mayor campo petrolífero de Estados Unidos, y el sistema de oleoductos Trans Alaska es fundamental para la seguridad energética de Estados Unidos.

Y a medida que disminuye la producción de los campos existentes, crece la presión para explotar nuevas reservas alaskeñas.

Shell lanzó una ambiciosa oferta para iniciar la perforación en altamar en el Ártico, a pesar del rechazo de los grupos ambientalistas.

Existe una creciente presión para explorar y extraer petróleo en Alaska.
Las preocupaciones se intensificaron cuando se instaló una plataforma petrolífera frente a la costa de Alaska a principios de este año. Las operaciones están suspendidas, pero el valor del botín es demasiado grande como para ser ignorado.

Kate Moriarty, directora ejecutiva de la Federación de Gas y Petróleo de Alaska, cree que el estado posee 50 mil millones de barriles de petróleo aún sin explotar.

"La realidad es que el Ártico va a desarrollarse", dice Moriarty.

"¿Y quién queremos que lo lidere? Yo digo que queremos que sea Estados Unidos porque la realidad es que la demanda mundial de petróleo y gas no va a ninguna parte."

El conflicto

Cuando el presidente Obama se comprometió a redoblar sus esfuerzos para reducir las emisiones de carbono en Estados Unidosel mes pasado, sus palabras fueron recibidas con escepticismo en Alaska.

El estado debe su existencia al petróleo. Los ingresos por de la industria petrolera representan más del 90% del presupuesto del estado. El dinero del petróleo supone una ayuda financiera anual para cada residente de Alaska y que no tengan que pagar el impuesto a las ganancias.

Y cuando toca equilibrar las dos presiones en conflicto –el veloz cambio climático por un lado y la demanda por expandir la economía estatal sobre la base del carbono por el otro– no hay muchas dudas sobre cuáles son las prioridades.

Ed Fogels, del departamento de Recursos Naturales de Alaska, defiende la estrategia de su estado.

"Cuando todo el mundo se lanza sobre Alaska y dice 'oh, el clima está cambiando, el Ártico está cambiando, las cosas están fuera de control', nosotros decimos que esperen un minuto."

"Hemos estado desarrollando nuestros recursos naturales por 50 años, y las cosas van bastante bien, gracias."

En una generación, el océano Ártico puede quedarse sin hielo durante el verano. El ritmo del calentamiento en el extremo norte no tiene parangón en ningún otro lugar del planeta.

En términos de explotación de recursos, acceso marítimo y asentamientos humanos, es probable que Alaska se convierta en una propuesta mucho más atractiva.

Los científicos llaman a eso efecto de retroalimentación positiva. Pero para los alaskeños que viven en el frente del cambio climático, y para nuestro planeta, puede que no sea positiva en absoluto.

Fuente: BBC 

Metano del Ártico tendría fuerte impacto en la economía mundial

La liberación de metano en el Ártico afectaría las economías de los países en desarrollo.
Un nuevo estudio revela que la liberación de grandes cantidades de metano del permafrost en el Ártico podría tener repercusiones económicas de gran magnitud.

El costo podría ser de US$60 billones, según investigadores de la Universidadde Cambridge, en Inglaterra, y de la Universidad Erasmus, en Holanda.

El aumento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera podría acelerar el derretimiento del hielo en el mar y ocasionaría la subida de la temperatura en el planeta. Esto incrementaría el riesgo de inundaciones, el aumento en el nivel del mar e incluso traería problemas de salud en la población. Los efectos ocasionados por eventos como los descritos con anterioridad fueron los cuantificados por los científicos.

El estudio, publicado en la revista Nature, señala que aproximadamente el 80% del costo sería asumido por los países en vías de desarrollo, ya que sequías, lluvias y fenómenos naturales de gran intensidad, afectarían la economía de esas naciones.

Fuente: BBC 

El nivel del mar podría subir 20 metros a finales de siglo

Las investigaciones científicas alertan de un aumento del deshielo en la Antártida. (Efe)
La capa de hielo del este antártico "es mucho más sensible" a los cambios del clima de lo estimado, según un estudio científico, en el que se asegura que el nivel del mar podría elevarse 20 metros hacia final de siglo si esta zona, el antártico occidental y Groenlandia, sufrieran deshielocomo en el Plioceno.

Estas son dos de las conclusiones de un estudio internacional que publica la revista Nature Geoscience, liderado por investigadores del Imperial College de Londres y con participación española.

En el Plioceno, comprendido entre hace 5,33 millones de años y 2,58 millones de años, la Tierra experimentó un aumento global de temperatura que llegó a ser entre 2 y 3 grados centígrados superior a la actual y similar a la prevista para finales del siglo XXI. La concentración de CO2 atmosférico, por su parte, era igual a la de hoy en día.

Ambos factores propiciaron la fusión de parte del hielo planetario, lo que provocó un aumento del nivel del mar de 20 metros, ha recordado en una nota el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), firmante de la investigación.

Hasta ahora, era sabido que el mar se elevó 10 metros debido al deshielo de Groenlandia y el oeste antártico pero, según el artículo, no se tenía la constancia de que el hielo del este antártico había añadido otros 10 metros al nivel del mar. La capa de hielo del este antártico, cuya superficie equivale a la de Australia, se formó hace 34 millones de años y se la consideraba en estado estable desde hace 14 millones de años.

Sin embargo, según esta investigación, esta zona antárticaes "mucho más sensible que lo que se pensaba hasta ahora", ha confirmado Francisco José Jiménez Espejo, ahora en la Universidad de Nagoya (Japón) y antes en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (centro mixto del CSIC y la Universidadde Granada).

Similitud de datos con el Plioceno

Según este artículo, dada la similitud entre las variables de CO2 atmosférico y temperatura del Plioceno y la época actual, las consecuencias si hubiera un deshielo continental -Groenlandia y este y oeste antártico- podrían ser las mismas al final de este siglo. "El nivel del mar podría elevarse 20 metros hacia final de siglo", según este trabajo.

Carlota Escutia, del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, ha opinado que es "muy importante entender cuáles podrán ser las posibles consecuencias" teniendo en cuenta la similitud de datos.

Los investigadores han llegado a estas conclusiones gracias al análisis de muestras de lodo marino pliocénicas del antártico oriental. Estas muestras se obtuvieron a más de tres kilómetros bajo el nivel de la costa antártica en la campaña de 2010 del Programa Internacional de Perforación del Océano, coliderada por el CSIC.

Según ha explicado Jiménez, entre el lodo también hay rocas que fueron arrastradas por los glaciares e icebergs.

Los investigadores, a través de su análisis, han reconocido el lugar de proveniencia de esas rocas y a partir de ahí han sido capaces de reconstruir la extensión de los glaciares a lo largo del tiempo. El equipo español, según Jiménez, se ha encargado de hacer distintos análisis sedimentológicos, mineralógicos y geoquímicos que han permitido reconstruir las condiciones paleoambientales durante el Plioceno.

El análisis ha revelado que esta masa helada que se consideraba estable sufre en realidad importantes deshielos parciales.

Fuente: El Mundo 

La Antártida resiste el impacto del cambio climático

Desprendimiento de hielo en la Antártida. (CSIC)
"La Antártida está muy lejos, pero la vida del planeta depende de ella. Es el ecosistema que lo regula todo. Su hielo almacena la vida de los últimos 34 millones de años". Así defiende Josep Maria Gili, profesor de Ecología Marina del CSIC y del Instituto de Ciencias del Mar, la importancia del gigantesco continente helado ubicado en los confines del planeta. Una enorme reserva natural que todavía se mantiene semivirgen, al margen de la huella humana.

La ciudad de Barcelona (España) recibe un simposio organizado por el CSIC, con la colaboración de CosmoCaixa, que reúne a 300 expertos, investigadores y científicos de todo el mundo durante los próximos días en unas jornadas en las que desgranarán los resultados de los experimentos y proyectos realizados en los últimos años en el continente blanco. Además, la cumbre (que se celebra cada cuatro años y, por primera vez, en España) coincide con el 25 aniversario de la base Juan Carlos I en la Antártida.

Entre las novedades que se irán desvelando en Cosmocaixa se destaca la capacidad de regeneración de los ecosistemas antárticos, mayor de lo que los científicos creían hasta ahora. Debido al calentamiento global, hace ocho años se desprendieron del continente helado grandes placas de hielo.

Al varar por el mar, estas grandes placas producen un efecto de «barrido» del fondo marino (allí donde más riqueza en términos de biodiversidad se genera, imprescindible para la vida de otras especies), que se vio gravemente afectado por su paso. «Son como bulldozers, arrasan con todo y se llevan las comunidades marinas cultivadas durante millones de años», explica Gili.

Capacidad de regeneración

Algunas de estas placas eran gigantes, de más de 10.000 kilómetroscuadrados. Pues bien: resulta que en menos de una década (8 años), entre un 20% y un 25% de esos fondos se han regenerado. A Gili y sus compañeros investigadores les ha sorprendido esa capacidad de regeneración en un ecosistema donde las condiciones climáticas, de luz, geológicas, etc. son tan extremas.

Se trata, pues, de una buena noticia, aunque Gili ha recordado que el hecho de que la Antártida esté resistiendo de momento los efectos del calentamiento global no significa que en un futuro, si éstos se disparan, pueda seguir haciéndolo. "La capacidad de regeneración depende del entorno, siempre. Es como cuando se quema un bosque. Si se quema una parte y hay árboles alrededor, en unos años se regenera la zona afectada. Si se devasta todo, no hay posibilidad de regeneración".

La Antártida sigue planteando incógnitas. Gili ha explicado que diferentes experimentos han demostrado la increíble resistencia de los líquenes de la zona, que han sobrevivido incluso a la vida en el espacio (fueron enviados en cápsulas en una misión de la Agencia Espacial Europea, ESA).

También se está empezando a producir otro extraño fenómeno ante el progresivo calentamiento: la migración de algunas especies que habitan en la Patagoniao en el sistema magallánico y que «aparentemente están en marcha» hacia la Alta Antártida, como es el caso de centollas, langostinos y camarones, explica el investigador alemán Wolf Arntz.

Fuente: El Mundo

Las capas de hielo pierden alrededor de 300 millones de toneladas cada año

Foto: UGR
"Las capas de hielo están perdiendo grandes cantidades de hielo, alrededor de 300 millones de toneladas cada año, y la velocidad a la se produce estas pérdidas va en aumento. En comparación con los primeros años de la misión GRACE, la contribución de las capas de hielo al aumento del nivel del mar, casi se ha duplicado en los últimos años", afirma Bert Wouters, actualmente investigador visitante en la Universidad de Colorado (Estados Unidos), y uno de los autores de un nuevo análisis.

Desde 2002, los satélites del proyecto GRACE detectan pequeñas variaciones en el campo gravitatorio de la Tierra como resultado de los cambios en la distribución de la masa, incluyendo el movimiento del hielo en los océanos. Mediante el uso de estos cambios en la gravedad, se puede supervisar el estado de las capas de hielo a intervalos mensuales y sus resultados, publicados en la revista 'Nature Geoscience', subrayan la necesidad de una vigilancia continua por satélite de las capas de hielo para predecir su fusión y la subida del nivel del mar.

Las capas de hielo que cubren la Antártida y Groenlandia contienen aproximadamente el 99,5 por ciento del hielo de los glaciares de la Tierra lo que elevaría el nivel del mar mundial por algunos 63 metros si se derritiera por completo. Sin embargo, no hay consenso entre los científicos sobre la causa de este aumento reciente de la pérdida de la masa de la capa de hielo observada por los satélites. Además de por el calentamiento antropogénico, las capas de hielo se ven afectadas por muchos procesos naturales, como las fluctuaciones de varios años en la atmósfera (por ejemplo, cambio de los sistemas de presión en el Atlántico Norte o El Niño y La Niña) y lentos cambios en las corrientes oceánicas.

El equipo de investigadores comparó nueve años de datos de satélites de la misión GRACE con reconstrucciones de unos 50 años de cambios en la masa de las capas de hielo y encontró que la capacidad para detectar con precisión una tendencia a la aceleración en la pérdida de masa depende de la longitud del registro. Por el momento, la pérdida de hielo detectada por los satélites GRACE es mayor de lo que cabría esperar para las fluctuaciones naturales.

El estudio sugiere que si bien puede ser casi suficiente la información satelital para detectar una aceleración en la pérdida de masa de la capa de hielo de la Antártida con un nivel de confianza razonable, se necesitan diez años de observaciones por satélite para hacerlo aplicable a Groenlandia. Como resultado, la extrapolación de la contribución actual a la subida del nivel del mar de las capas de hielo de 2100 puede ser demasiado alta o baja, en hasta 35 cm. El estudio, por lo tanto, pide prudencia al extrapolar las mediciones actuales para predecir el futuro del aumento del nivel del mar.

Fuente: Europa Press

Cascada caudalosa y mágica

Dettifoss, en Islandia, es una de las cataratas con más volumen de agua, con hasta 500 metros cúbicos por segundo.

La cascada de Dettifoss, en Islandia, es la más caudalosa de Europa: hasta 500 metros cúbicos por segundo. (Giovanni Simeone)

Esta situada en el Parque Nacional Jökulsárgljúfur, al noreste de Islandia no lejos de Mývatn. Sus aguas provienen del río Jökulsá á Fjöllum, que nace en el glaciar Vatnajökull y recoge agua de una amplia cuenca.

Está considerada la cascada más caudalosa de Europa, con unos caudales medio y máximo registrado de 200 y 500 m³ por segundo, respectivamente, dependiendo de la estación y del deshielo glaciar. Tiene 100 metros de ancho y una caída de 44 metroshasta el cañón Jökulsárgljúfur.

Paisajes del sur de Chile

Preparate para recorrer una gran diversidad de paisajes, climas y ecosistemas: montañas, fiordos, canales e islas.


Parque Nacional Torres del Paine. En otra época era el destino de unos pocos valientes montañistas, actualmente recibe más de 100.000 visitantes al año. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Torres del Paine. Los picos de este Parque brillan en la primera luz del amanecer en esta composición de dos imágenes. Aquí el tiempo pasa tan suave como el agua nevada. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Torres del Paine. Un zorro patagónico atrae la atención de los visitantes. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Torres del Paine. Un bosque de belleza intrincada crece en las faldas del Cerro Ferrier. Un liquen comúnmente llamado "barba de un viejo" coloniza los troncos de los árboles de lenga. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Torres del Paine. Vientos de 40 nudos doblegan un ñire, o haya meridional, a orillas del río Paine. Alimentados por la fusión de los glaciares y las copiosas precipitaciones de nieve y lluvia, los ríos son rápidos e impetuosos, toda una tentación para la producción de energía hidroeléctrica. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Torres del Paine. Visto desde el espacio, el glaciar Grey parece un enorme oso polar que hubiera bajado a beber. En realidad, el Grey pierde agua y está en rápido retroceso. De los 48 glaciares que forman el Campo de Hielo Sur, 46 se están encogiendo a gran velocidad. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Bernardo O’Higgins. En el fiordo Eyre, un pequeño grupo de delfines australes se dirige hacia el frente del glaciar Pío XI. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Bernardo O’Higgins. "Muy confiado", escribió un antiguo observador a propósito del huemul, que no parecía temer a los humanos. Ahora que se encuentra en una situación de peligro. Fotografía de Maria Stenzel

Reserva Nacional Las Guaitecas. El amanecer desciende serenamente sobre el Canal Messier, una de las mayores rutas a través de los fiordos. El clima patagónico puede ser extremo, pero los fiordos son aguas salpicadas y su gran altura ayuda a mantenerlos tranquilos. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Bernardo O’Higgins. Anclado ante la cara del glaciar Pío XI, el barco metálico Endeavor, de 46 pies, es disminuido ante la inmensidad del hielo en esta panorámica. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Bernardo O’Higgins. El Lautaro, un volcán activo (al fondo), se cierne sobre la tortuosa superficie del glaciar Pío XI. Los vastos campos de hielo de Chile figuran entre los más grandes del mundo fuera de las regiones polares. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Bernardo O’Higgins. Un bote de excursión de un crucero se aproxima a la cara de Pío XI. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Bernardo O’Higgins. Una parvada de cormoranes imperiales cruza cara de Pío XI. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Bernardo O’Higgins. Contraste de azul blanquizo con el caliente café mientras el liquen coloniza las rocas olvidadas por la retirada del Glaciar Témpano. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Laguna San Rafael. Los picos de los Andes atraviesan las nubes sobre el Campo de Hielo Norte. Este gélido espacio natural, severo y sublime a la vez, se rige por fuerzas elementales que lo han mantenido, en su mayor parte, como un vacío en los mapas científicos. Fotografía de Maria Stenzel

Parque Nacional Laguna San Rafael. El Iceberg del Glaciar de San Rafael comienza con el rugido del hielo, seguido por una cadena de detonaciones y termina con un ruido como de relámpago. Entre 1871 y 2007, se ha retirado 7 y media millas. Fotografía de Maria Stenzel

Reserva Nacional Las Guaitecas. Las jaulas flotantes albergan salmones criados para la exportación. Los métodos de producción intensiva contaminan el agua y favorecen la propagación de la anemia infecciosa del salmón. Ante la disminución de la producción, la solución que ha adoptado el sector es trasladar los criaderos al sur, donde están los fiordos de aguas más limpias, dejando tras de sí residuos, enfermedades y aguas sin oxígeno. Fotografía de Maria Stenzel

Reserva Nacional Las Guaitecas. Un salmón trata de salir de la red en una granja pesquera en Las Guaitecas. Mientras que la tierra está protegida de desarrollos comerciales, el agua del fiordo no lo está. Fotografía de Maria Stenzel
Fuente: National Geographic